Martes, 22 de diciembre de 2009
UN PASEO POR LA NATURALEZA


Hay una campana fundida con demasiado bronce

sones tañe sola y alta se asoma

se queja de que nadie la oye

y yo sé que se escucha hasta más allá de la loma

pero lo que nunca le diré

es que suena a tristeza...lo que tona



paseo por campos que parecen que arden

las espigas, paradas, se asemejan a una fotografía

pues no sopla lo que se dice, ni una brizna

haciendo que las cigarras, con sus patas, me ensórden



en la charca predomina el verde

parco remanso en esta tierra de jornadas duras

y leo en el barro, la sed que dejó atrás

un caballo de desnudas uñas...sin herraduras



muros de arboleda verde

se saltean junto a cuarteadas parcelas

esperando la querida lluvia

para parir legumbres, gramíneas y lechugas.





Sí, éste es mi retiro escogido

tras años de vaivén en barcas de pesca

y como no deseo poner cerco a tu recuerdo

salgo a la naturaleza, que tanto amabas

y que prefiero a recogimiento en claustro cerrado.



Payesa eras, tenías las manos de arena

te conocí enraizada a tu tierra

en ella, vieron ardillas, hablarte de amor

y yo te dije que era hombre de mar

y que a él volvería, por ti, por mí

porque quería, para nosotros, algo mejor.



En el océano se ve la mano de Dios

criaturas que dejaban mis ojos como platos,

situaciones climatológicas y humanas

jamás descritas en libros

como, pájaros nocturnos picoteando estrellas

de desayuno, antes de sumergirse

a por peces, en las aguas salineras.



Allí conocí, pensándote, la soledad más pura

y eso que, aún estando rodeado de compañeros,

me añoraba de ti...apoyado en la amura



me dije de contarte todo cuanto vi y añoré

para ponerme a nivel de todo lo que me enseñaste

desde la noche en que un relámpago, cielo rajó

partiendo árbol, cuyas maderas, inviernos...nos calentó.



Días de descripción, de cactus sin afeitar

donde ungüento para heridas conseguías

y otras veces donde misma planta de punchas jodídas

flor fugaz y coqueta, mostraba entre sus espinas.





Recuerdo que tomabas mariquílla rojiza

con élitros punteados de motivos negros

y tú me decías que de allí salían

los tintes para pintar las uñas de los dedos,



y que la mantis, muerta de amor

debía sacrificar a su enamorado

separando su cabeza del tronco

mientras, inseminada, escuchaba su estertor,



que la lechuza, con sus ojos grandes como coles

escudriñaba en la noche, allí donde la ratas, ratitas esconden

para robarles la vida

y dárselas a su prole,





de cómo la culebra

ponía huevos, en lugar caliente

y bajo tierra,

y la araña peluda

cazaba tejiendo trampas con hebras



de las hormigas, seguíamos su sinuosa hilera

hambrientas, iban por faena

miraban hacia el cielo, y subíanse hasta las ramas

pues en el suelo...no encontraban nada.



Avisaban con polen, toda la floresta

de las procesionarias que, al pino daban susto

a los pájaros, para que las capturaran con su picos

y también recuperasen, a sus hijas,

las branquítas arrancadas

siendo así, subidas a lo alto por los alados,

para construir sus nidos.



Cuán rica de cosas estabas llena, mi amor

en tu pedazo de mundo,

donde todo tiene su lugar y su importancia,

valen hasta las lágrimas resinosas de los árboles

como yesca para el fuego,

el guano, es abono de aves como las gallinas

y corren locos de contentos

y para atrás, los escarabajos, con una boñiga.



Leímos de las bestias, cuándo era más buena la fruta,

vimos como se extendía con alfombra verde, la pradera

y el mensaje de colores, lo dijo la misma flora,

al llegar la primavera.



Sabías reconocer al hongo alucinógeno

y a la seta que, a la comida, procuraba mejor suerte,

yo siempre me pregunté como acertabas

a apartar las que, al morderlas, significaban la muerte.



Me enseñaste a respetar a las abejas

a saber apartarlas con un suave manotazo

pues me contabas que, sin ellas, no habrían

ni miel, ni grosellas, ni naranjas con gajos.



Fuiste mi único amor

y el mejor de los libros,

abriste al marinero la naturaleza

no debí de marcharme a hacer fortuna

cuando tú, y sólo tú, eras la mía....mi Teresa.



Y en aquella loma, donde triste se escucha la campana

quedé cada tarde contigo, sabiéndote en aquella atalaya

y desde la barca, en el palo mayor y hasta arriba, me aupaba.



Te pedí tus ojos cerrar y tu mente abrir

para que escucharas mi intercambio

donde te contaba de corales, medusas y cardúmenes

para compensarte por tus castaños, alerces y abedules,



y de aquellos pétalos,

de flores que arrancaste silvestres y una vez secos

fueron lugar de escritura

de nuestro amorío que, nunca escondimos

y del que, sólo nuestros besos, fueron secretos.



Muchas fueron las veces que regresé,

brea y sal en la ropa traía

tú, porque te anclara mis besos

tú, loca de amor, hacia mí...corrías.





No germinó en ti...mi simiente

pero fuimos felices miles de veces

más pronto ó más tarde

me devolvía la mar, a tu tierra

y tú y yo, lo volvíamos a intentar, incansablemente.





Una vez, no volviste a la playa

te busqué por doquier

recorrí la atalaya,

te encontré dormida

seguramente te fuiste

mientras imaginabas mi llegada,



ahora todo me recuerda a ti

un insecto, la lluvia, un colibrí,



un relámpago, con su látigo

como cuando te conocí,
un gamo, en la distancia, proclamando su celo

y pidiendo una hembra, para sí.



Aquí, en tu tumba

vuelvo para entregarte

más pétalos escritos

con esas maravillas que conocí

y aún no te he descrito.



También una caracola

que es la casa de un animal marino

con la extraña particularidad

de, una vez desposeída de su contenido

y agua, te dará una idea del ruido del mar,



y lo más importante:

quiero que sepas que, cuando mueren las tardes

es cuando más te recuerda mi vida

como cuando, para explicarte mis vivencias,

yo...del palo mayor...me pendía.



Que, para mí...tú no te has ido

y por ello, pongo dos platos a la mesa

por si un día, te vienes y algo me quieres decir

pues no sabes, cuánto te llego a extrañar, mi Teresa!.


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Domingo Sanchez -loverman. poemas en narrativa.

Tags: Narrativa

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